miércoles, 10 de junio de 2015

Hay que cerrar los oídos

A veces es difícil vivir, y con vivir me refiero a manejarse. Adueñarse del cuerpo y del alma de uno.

Créeme, que si algo he aprendido contigo es que hay que cerrar los oídos. Pero es difícil mantenerse en la burbuja de titanio que tanto empeño hemos puesto en construir. Cuesta recordarse todo el tiempo de quién es uno, y cuales son las verdaderas respuestas sin contaminarse del aire que nos rodea, sin dudar en ocasiones de uno mismo, o saber reconocer esa pequeña línea entre aceptar los errores y defenderse.

A eso me refiero con que es difícil. Es difícil percibir con claridad y en ocasiones no traicionarse -minúscula o gravemente- en lo que parecen actos de humildad y reconocimiento. Porque al fin y al cabo ¿quién tiene la verdad? y ¿quién sabe las respuestas?

Yo no las tengo... 

No basta con cerrar los oídos, también hay que elegir cerrar los labios, trancar las puertas y abrir la mente. Tomar un cuaderno y un lápiz para drenarlo todo. A final de cuentas, para contar nuestras historias, no hay mejor lector y crítico de su propia vida que uno mismo.

Debe ser la única forma de pasar desapercibidos en este mundo donde la envidia se despierta cuando hay ojos bonitos viéndose cerca...

Y si no nos saboteamos nosotros mismos antes de que los demás nos incendien. 

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