lunes, 5 de enero de 2009

Si dijéramos lo que realmente queremos decir

¿Por qué nunca decimos lo que queremos decir?.
La mayoría de nosotros -por no decir todos nosotros- no somos conscientes de la cantidad de veces que empleamos ese recurso lingüístico denominado ironía, mediante el cual "damos a entender lo contrario de lo que decimos".
Lo utilizamos diariamente sin la menor medida de control y llegamos a expresar las cosas más absurdas como: "claaaaro que no me importa que pases la noche en casa de tu amiga", por ejemplo. En vez de ser francos con nosotros mismos: "mi amor, de verdad no me gusta la idea de que te quedes a dormir en casa de tu amiga", sería el caso. Una persona no socializada tendría severos conflictos para entender lo que queremos decir, si estuviera presente cuando empleamos nuestras frases más sarcásticas.
Estamos tan acostumbrados a utilizar estas expresiones, que ni siquiera nos damos cuenta del daño que le hacemos a los demás con agresiones verbales que, aparentemente, son muy sutiles. Inclusive, recibimos como respuesta otras ironías o sarcasmos peores que con los que iniciamos el conflicto y la situación se torna en un círculo vicioso.
He tratado de regenerarme. He tratado de cumplir con el primer paso de Sarcásticos Anónimos, diciendo lo que realmente quiero decir. Pero he sentido cierta resistencia ya que las personas no están acostumbradas a escuchar las palabras en su sentido más literal y creen que la verdad es un sarcasmo. ¿No es irónico?.

"Un poco de ironía o de sarcasmo
son muestras de inteligencia.
Demasiado de ellas son señal
de soberbia o de impotencia".

Carlos F. Ayala

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Analizas mucho pero no lo aplicas a tus acciones, cuando te piden explicaciones te cierras y no las das, símbolo de inmadurez, eres muy bella, que lástima...

América dijo...

Viva el síndrome de Asperberg. :D

Anónimo dijo...

Touché!