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jueves, 16 de mayo de 2013

Si pintara un gato sobre un poste

- Estoy jodida, te compraste un gato.
- No lo compré, lo adopté en un refugio. Y ¿qué te hace pensar que cualquier grosería que sale de tu boca es poesía?.
- Pues no lo sé. Lo honesto quizás. Los autores más brillantes no se eximían de eso.
Bah... No pienso que todo lo que salga de mi boca sea poesía. Trato de crear algo grandioso y sólo salen palabras baratas. Incluso pensé en cambiarme el género. Disfrazarme de hombre por un rato. Pero era muy obvia mi inexperiencia masculina, nunca he tenido barba y además... estoy cansada de ser un personaje secundario en mis propias historias. Maldita sea, no dejo de pensar en tu gato.
- ¿Podrías dejar de maldecir? Y ¿qué tiene de malo mi gato?
- Pues no es el gato, eres tú y el gato. Tú y ella y el gato. Tú y ella y el gato, y yo viendo a las salamandras dando vueltas en el cuarto como un par de ciegos. A veces se encuentran y hacen el amor en la pared. Yo apago la luz y escucho... Qué importa este cuento de animalejos.
- Cuéntame más.
- Pues no sé que más decirte de las salamandras, pero del gato...
- Y continuamos con el tema...
- El asunto es que si yo pintara un gato, montado sobre un poste de luz muy brillante -Y con esto no quiero decir que sea buena pintando- pero si lo hiciera, y te lo mostrara, y tú me dijeras que qué bonita me quedó esa iguana montada sobre una palmera. Yo me preguntaría... (En vez de pensar que estás loco, viendo cosas donde no son) ¿Qué hice yo para plasmar una iguana y un coco y quizás una playa? ¿Qué hice yo para que no veas mi cuadro cómo es?
- Y, ¿qué importa lo que yo piense del cuadro?.
- Pues importa. Porque lo ves mal. Y me ves mal. La cuestión es que al final de cuentas, la que ve mal todo, soy yo.
- Insisto. No importa lo que yo interprete de tu cuadro, el cuadro es el cuadro. Y el cuadro no existe. Tampoco importa que me haya comprado un gato, le haya puesto un nombre y ahora viva con él. Ni siquiera te gustan. Por qué darle tanta vuelta a las cosas a raiz de asunciones tuyas.
- No importa el gato. Ni que te hayas ido. Sólo que ahora, miro este cuarto, la luz de la vela. Y yo pagando mi frustración con las letras. Y me doy cuenta que...me doy cuenta que… ¿Dónde estás?
Creo que enloquecí con tanta soledad.

Apuntes de una novela atemporal

lunes, 28 de enero de 2013

Hasta que sea mañana

Intento no mirar tu rostro. Curvo mi espalda contra el espejo que está postrado en la pared, alejándome de ti. Alguien más me habla y dirijo mis ojos en una diagonal, que te esquiva, justo al borde. Y sé que me miras, mientras te ignoro.

Estaremos atrapados en este ascensor, al menos durante los próximos dos minutos, pero el tiempo se ha hecho lento, mientras me enfoco en sostener la vista, sin voltear.

Dices algo para incluirte en la conversación, así que ya no puedo evitarte más, y giro la cabeza, inclinando un poco el cuello. Sonríes levemente. Sonrío un poco también, sin gracia.

Das media vuelta. Transpiro. Y mientras miro tu cuello blanco, limpio y con algunos lunares, me hago consciente de la tensión que carga mi espina. Enderezo el cuerpo y continúo la conversación inerte, sintiéndome a salvo.

Por fin, las puertas se abren, y huyo entre el túnel de gente hasta llegar a la luz. Pero ahí estás, detrás de mi.

Estando afuera, haces una mueca. Ese chasquido extraño que sale de tu boca, cada vez que estamos cerca. Mueves los brazos, suspendiéndolos en el aire de un lado a otro. Un suspiro entrecortado. Y me parece que has volteado los ojos. Pero contigo... nunca sé.

Me inmiscuyo en mis pensamientos, suponiendo que los tics que te genero son una muestra de incomodidad. Una incomodidad muy distinta a la mía, seguramente.

Vuelvo al presente. En cuestión de segundos, te adelantas en el pasillo y me abres la puerta. Te doy las gracias y camino sin mirar atrás.

Te has ido. Y ya puedo respirar.

Hasta que sea mañana.

jueves, 31 de mayo de 2012

Perseguir fantasmas

Sentada frente a la pantalla, con la mente en blanco y los ojos apuntando al vacío, acariciaba algunas teclas sin presionar ninguna. -¿De verdad le sorprende tanto que me haya convertido en un fantasma? A veces me olvido de su lógica hipertrofiada. Su negación de la realidad. Su existencia sin culpas. Ya nada de eso importa.

Aquí sólo quedó la sensación de jugar al cuarto oscuro, como cuando uno era niño: Temblabas de miedo. Escondido. Hasta que el asesino se acercaba en medio de la oscuridad y te susurraba algo oído: Estás muerto. Y, a continuación, te ahogabas en el grito:  Me morí.

Pestañeó rápidamente. La oscuridad se convirtió en el claro de las luces de neón de la oficina.
"Menos mal que pronto haré maletas", tituló.


miércoles, 13 de octubre de 2010

Las piedras rodando se encuentran

Escuché que me silbabas y comencé a buscarte con la mirada en 360 grados. Debía ser el sonido de mi propia respiración o alguien que llamaba a otra con mi nombre, pensé, así que seguí mi camino y atravesé la avenida. Ya del otro lado y detrás de la vidriera de un establecimiento, pude ver a lo lejos cómo bajabas por donde dos segundos antes yo acababa de pasar. No tenía sentido dar la vuelta, apresurar el paso o propiciar un encuentro, así que esperé con paciencia a que la cajera cobrara mi almuerzo. De regreso, entré en un edificio y subí las escaleras, hasta que llegué al descanso sin cambiar la respiración, cuando apareciste de la nada y me llevaste por delante.

Cuando el destino lo quiere, nos encontramos

domingo, 13 de junio de 2010

El Cuentista y el Poeta

Escribir en primera persona expone a que el lector le pregunte al poeta: ¿qué quisiste decir cuando escribiste...?, por ejemplo.

Julio entró en la oscura taberna del hotel y tomó asiento en un banco de la barra. Los tres días que había pasado viajando para dictar conferencias lo habían dejado completamente exhausto y con ganas de perderse entre la gente.
Las luces rojas del fondo del bar forjaban la sombra de un tipo barbudo, que se encontraba sentado a su lado y meneaba suavemente una copa de vino tinto con la mirada fija en el vacío.
-Pide un trago- dijo el tipo rompiendo el silencio. -Es mejor que te lo tomes tú, a que inventes a algún valiente que se enfrente a la resaca.
Julio soltó una carcajada breve y seca, miró de reojo al tipo y se acomodó el cuello de la camisa de poliéster -No imagino cómo lograste que entendieran que quería esa copa- contestó, y pidió un tarro de cerveza. -Cóbrese el trago de mi amigo también, después de todo, la gente que se dedica a las instrospecciones no gana mucho dinero. "El año que es abundante en poesía, suele serlo de hambre", ¿no es cierto?.
-Eso dicen. El hombre barbudo meneó nuevamente su copa y con expresión sarcástica, dijo: -Brindo por el éxito del arte, aún cuando este no implique su calidad. Así, usted podrá brindarme más tragos en el futuro.
Julio alzó el tarro como muestra de aceptación del brindis. -Me parece curioso que los viejos poetas todavía pretendan que cambie la naturaleza del Ser Humano por unas cuentas letras, cuando todos sabemos que la poesía no es más que el divertimiento de los burgueses.
¿Cree?- dijo el viejo barbudo, -no sabía que representáramos tanto poder de cambio. Pero, ¿no acaba de decir hace un segundo que no tengo ni dónde caerme muerto?.
Como si no hubiese escuchado esto último, Julio respondió: - Nuestra diferencia como escritores es que usted desea dar su verdad, cuando yo me empeño en describirla. Yo Admito que la poesía es imprescindible... pero aún no sé para qué- dijo riendo.
El viejo poeta encendió un cigarrillo. Con el techo cubierto de siluetas grises cual cielo de Van Gogh, contestó:
-No valdría la pena tratar de explicarte algo que ya sabes.
- Senor Fernando, usted nunca dejará de ser un idealista ¿verdad?.
-Eso sería como pretender que tú dejaras de ser tan arrogante, ¿Cómo te trata la vida Julio?, no esperaba encontrarte por aquí.

lunes, 26 de abril de 2010

Abstraído

Tras esa sonrisa falsa se ocultaba un alma afligida, infeliz, que recordaba con nostalgia aquel momento de reunión con su materializado anhelo. Una lágrima corría por su mejilla hasta llegar al cuello. Confundido. Acerca de su existencia, acerca de su valor. ¿Será que tenía la intención de burlarse de mi? Se preguntaba. Y lamentaba saber que quien fuere capaz de consolarle era la segunda causa de su dolor.
Cuando estuvo ya calmado recordó las constantes críticas que recibía. ¿Vale la pena mi existencia?- cuestionó. El viaje finalizó. Peregrinando por la vida. Reflexionando sobre todo aquello, no lo vio venir. Fue rápido, doloroso en un principio y librante en un segundo. Quizás había pensado demasiado y actuado poco. Quizás había actuado mucho sin pensarlo. El hecho es que se desentendió tanto de su realidad, que terminó por marcharse físicamente segundos después de que su desconocido acompañante de viaje proclamase: ¡Chao! ¡que Dios te bendiga!...

2004

sábado, 26 de diciembre de 2009

Causalidades

"No se puede evitar lo inevitable", decía un viejo recorte de periódico pegado con cinta adhesiva detrás del computador de Julia. Ella se quitó los lentes de pasta negros, los colocó sobre la mesa y subió dos de sus dedos entre las cejas, poco a poco, hasta llegar al final de su frente. Con el pulgar en la sien y estirando la piel de su rostro, apoyó el codo sobre el escritorio y miró de reojo a Ruth, quien se acercaba lentamente al reproductor para colocar un Cd de villancicos.
Sabiendo que cualquier objeción sería inútil, contuvo la desesperación en un suspiro. Faltaba poco para Navidad, así que no quedaba mucha gente en la oficina y nadie entendería que, en efecto, ella tenía que trabajar.
Ella era la chica "bohemia" del grupo, la extraña que había estudiado Artes en vez de una carrera útil y sin embargo, resolvía tanto desde el silencio, que había que dejar presente su ausencia. Lo sabía, así que hizo caso omiso del rechazo que sentía por las expresiones decembrinas y se colocó los audífonos para escuchar Maybe Not de Cat Power.
Mientras el piano timbraba en sus oídos, balanceaba la cabeza de arriba a abajo y cerraba los ojos, que abría de vez en cuando para continuar con la frase, que llevaba rato tratando de completar: "Las hojitas amarillas volaban en el interior del auto mientras nosotros..."
En el fondo, Ruth cantaba desentonadamente, mientras que ella subía el volumen y tecleaba cada vez con más y más fuerza; tanto, que no escuchó cuando su teléfono móvil comenzó a sonar. Al otro lado de la línea, Martha, una vieja amiga de la universidad y que tenía dos años sin ver, llamaba para invitarla a almorzar, ya que se encontraba manejando cerca de la zona.
Julia se quitó los audífonos y se levantó de su puesto para buscar una impresión de lo que había logrado concretar. Caminó por el pasillo hasta llegar al comedor, se sirvió una taza de café y se dirigió hasta el ascensor, que parecía estar esperándola con las puertas abiertas.
En vista de que Julia nunca contestó, Martha siguió manejando de largo y llegó al semáforo, que estaba en rojo. Un chico cruzó la calle rápidamente y pasó frente a ella, quien sólo vio la estela de su silueta entre la gente, cual extraño que pasa sin dejar huella.
Alejandro siguió caminando, no era de esa clase de personas que necesitan vivir planificadamente. Y sin tener razón alguna para hacerlo, se detuvo por un instante. Las hojas quemadas bailaban sobre el asfalto de aquella acera, que Julia podía haber transitado de haber contestado la llamada. El podría haber irrumpido en su soledad. Haber visto en ella más allá de lo obvio. Sucederle. Dejar que lo encontrara. Descubrirla en medio de la gente y sobrevivir a las certezas que le hubiese pedido. El podría vivir haber vivido el día a día sin importar los antes ni pensar en lo que vendría después.
Julia terminó de revisar los escritos y retiró la taza de café del muro, cuando vio desde la azotea como un chico caminaba frente al edificio.
-Es mejor que regrese pronto, pensó.

lunes, 23 de noviembre de 2009

De transfiguración

Yo que te buscaba entre las hojas del bosque, cual Alicia persiguiendo a un conejo, y tú que te ocultabas detrás de un árbol oscuro y fornido. De la silueta del tronco fuiste asomando poco a poco tus pestañas negras, tus grandes ojos azules, tus rizos dorados y tu cara de niño. Tan pequeño, sólo eras una criatura perdida, que confesaba haberse robado la identidad de alguien más. No traías contigo rastros de ti, más que tu propio nombre: era el perfecto disfraz para cubrir un atardecer onírico de inocencia.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Cuando las paredes se derrumban

Hacía tiempo que nadie te miraba de esa manera tan sostenida, mucho menos en ese sitio donde te sentías tan absorta. Él sonreía con complicidad desde el otro lado del cuarto y a veces, se acercaba para hablarte de trivialidades y darte una excusa para asirte.
Cuando aparecían destellos de ternura en su rostro, te dejabas llevar y le sonreías de vuelta, lo ignorabas levemente para que no te sintiera segura, aparecías de vez en cuando, desaparecías, lo olvidabas.
Cuando comenzó a morder sueños a distancia, te dio miedo que acercarte demasiado pudiera difuminar los encuentros, hacerte menos interesante, demostrarle que eres aburrida. Los sueños de dormir juntos se manchaban al derrumbarse las paredes de arena y tú temías imaginarlo todo, porque te sentías ajena y ansiosa. Mientras más buscabas el encuentro, más desaparecía. Cuando más te alejabas, volvía.

lunes, 18 de mayo de 2009

Lucía como ese aeropuerto

Siempre le tuvo temor a las ansias, porque las ansias la hacían actuar impulsivamente.
- Lo mejor en estos casos es no hacer nada; la próxima vez me acostaré a dormir-, se dijo en muchas oportunidades, hasta que la frase se convirtió en su ley de vida. Y sin quererlo, Laura comenzó a sentir una angustia muy profunda cuando él le dijo que debía marcharse; esta vez, sin regreso.
-No me gustan los finales-, se escuchó diciéndole antes de abrazarlo en el aeropuerto. A él parecía no importarle, recibió sus brazos, la miró rígido y se despidió en seco.
-¿Cómo lo haces?-, le dijo Laura, -¿cómo puedes estar tan calmado?
- Porque no está en mis manos hacer nada-, le contestó.
Ella sentía ganas de llorar, pero no lo hizo; sentía ganas de besarlo, pero se contuvo. No debía evidenciarse, a sabiendas de que no recibiría nada a cambio. Ya le había pedido demasiadas veces que se quedara y nunca obtuvo una respuesta positiva. Para Laura, todo estaba dicho.
Él se fue sin mirar atrás. Ella lo vio partir con el corazón destrozado. Y la vida se le pareció a esos adioses y tumbas de los que había leído alguna vez. Todo lucía como ese aeropuerto, del que con frecuencia partían sus allegados, mientras ella permanecía en la sala de espera, aguardando por el regreso de alguno o por la congelación en el tiempo.

jueves, 30 de abril de 2009

Encuentro Fugaz

Ella estaba entrando en el estacionamiento cuando él caminaba de regreso, volteó hacia su auto, la miró brevemente y le regaló una sonrisa. Ella se sonrojó y viró el rostro, tratando de que él no lo notara y continuó manejando para estacionarse.
No fue nada -pensó, tratando de evitar que la cabeza comenzara a darle vueltas con ideas románticas, como el amor a primera vista, que le era familiar de las novelas que leía.
No fue nada, estoy escuchando muchas canciones de Arjona - se dijo.
Al siguiente día, cuando entraba al estacionamiento, lo vio caminando de salida. Le dio un vistazo rápido y viró el rostro hacia el frente, tratando de disimular. Él siguió caminando y cuando creyó que no podía verlo, la miró de reojo con los ojos brillantes y sonrió de nuevo.
Ella se dio cuenta de la sutileza.
No fue nada - pensó otra vez- debe ser nuevo en la empresa. La gente que está llegando por primera vez a un lugar, siempre es más abierta a conocer a los demás, es más amable.
Aún no se ha contaminado con la rutina.
Por un momento, tuvo la idea de averiguar quien era, pero desistió.
Prefería el misterio de la vida que sucede por sí sola.
Un día, su jefe le pidió que bajara al sótano para recibir unos paquetes. Se montó en el ascensor con desgano y se fue al depósito.
¿Cuántos son?- Le preguntó al encargado.
69 empaques- respondió.
¿Hay espacio en el depósito?-
En la parte de adentro, pero no tengo las llaves. Las tienen los del piso de arriba. ¿Puedes subir a buscarlas? -
Está bien, ya regreso - dijo ella.
Una vez arriba, el gerente le pidió que no se preocupara. Los empleados de servicios buscarían las llaves y harían el conteo de los 69 paquetes. La chica salió de la oficina y caminó por el pasillo. Y entonces, lo vio entre la gente. Hizo como si nada y se dirigió hacia la puerta rápidamente, disimulando. Cuando puso la mano sobre la manilla, sintió una mano sobre la suya.
Disculpa - dijo él.
No te preocupes - respondió nerviosa. No se había dado cuenta de que seguía allí.
Se subió en el ascensor y marcó el piso 1. Él la siguió y se montó.
¿Vas para planta baja? - le preguntó.
No, para el piso 1.
Mientras bajaban hubo un breve silencio, pero la chica lo sintió eterno.
Cuando las puertas del ascensor estaban a punto de abrirse, una voz la sacó de sus pensamientos.
La semana ha pasado rápido, ¿no crees? - dijo.
A mi me pareció eterna -, contestó.
Entonces las puertas terminaron de abrirse, ella se bajó presurosamente y se fue a su oficina con paso acelerado.