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sábado, 6 de octubre de 2012

Pequeñas confesiones


I
No existe lógica en el amor ni en el destino.
No hay cabida para la desesperación en estas cosas.
Uno sabe qué quiere el otro cuando lo mira.
Y siente esa complicidad
que alinea todo para que se consuma.

A pesar de las encrucijadas
que nos obligan a tomar decisiones.

Esa sonrisa detrás de la barra,
esa mira cálida
que se dirige a ti, entre todo el resto.
Que te hace saber que bailan solos
aunque estén en un salón lleno.
Para entender que, entre dos,
aunque cada quién siga su camino,
a veces hace falta irse para tener
 la certeza de volver.

Pequeñas cofesiones


II
Una vez me enamoré de una sonrisa
que vi pasar mientras caminaba.
Mojé mis botas,
alumbrada, por un hombre
que me entregaba su paraguas.
Tomé tu mano a escondidas,
por debajo de la mesa,
sólo porque tú me la dabas.
Y fui feliz,
tan solo bebiendo una taza de café,
luego de que me preguntaras
cómo me llamaba.

(Confieso que me enamoro de los amores inconclusos
por sus pequeñas cosas.
Y que si, me gusta la novela).