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miércoles, 26 de marzo de 2014

Todavía estoy aquí

No tengo rumbo, estoy ansiosa.
Aprisionada y con ganas de inexistir.
Más un sentir, que un pensar,
que hace del cuerpo pequeño
para retenerme.

Hay una razón, siempre la hay.
Pero ya sabes como soy,
la oculto, me oculto,
incluso cuando llegan días como hoy,
que me desmorono.

Y esa es la razón.
Yo, y mis miedos de mi.

Me detengo un momento para calmar la respiración.
Veo las hojas amarillas caídas sobre el suelo.
Mis ojos corridos en el reflejo del vidrio.
Soy un desastre compactado.

Hasta que el aire comienza a llenarme
poco a poco los pulmones.
Vuelo
y empiezo a desvanecerme.

Alienándome, como si esto nunca hubiese sucedido.
Menos el sentir que se aplana.
Y lo etéreo que es todo:
Los árboles, las hojas, el pavimento,
mis brazos cruzados apoyando mi cabeza, el aire
y tú.

No me sueltes.
Por favor, no me sueltes.
Todavía estoy aquí...
tratando de mantenerme despierta.

Lo que está mal conmigo es bueno, para lo que está mal contigo. Quizás debiéramos permanecer juntos. 

lunes, 29 de julio de 2013

Esta noche

Esta noche,
hace frío.
Llueve suave.

¿Recuerdas cuando me preguntabas sobre el clima?.
Me parecía tan bonito dentro de su propia simpleza.
Detener el tiempo para mirar hacia la ventana,
y buscar respuestas sobre la falta de calor
en este lado del mundo.

Tu solución ante un silencio incómodo:
evadir, hablando del cielo.
Y yo me detenía para satisfacer tu interminable curiosidad,
aunque tuviera ganas de conversar sobre otros temas
-que ahora no tendrían sentido.

Esta noche,
las gotas tocan el techo
haciendo suaves ritmos de campana
sobre las tejas.
Yo miro la ventana oscura,
y me arropo lluviosa, pensando,
si aún son tan distintas nuestras estrellas.

Ya nadie me pregunta por el estado del tiempo.

lunes, 4 de marzo de 2013


Siempre me sentí ajena a los textos, donde enunciabas las cartas que guardaste sin siquiera abrir el sobre. Me sentía ajena a la posibilidad de dejarnos, repentinamente, sin mirar atrás. Creía con inocencia que nos mantendríamos dentro de nuestros días.

Y no sé si es que de un momento a otro dejamos de ser, eso que nunca estuve segura si alguna vez fuimos, pero que sin lugar a dudas, era algo.

Aún quedan cosas

Últimamente hablo menos y miro más. Veo las ventanas, sus reflejos y la gente que camina. En el mundo aún queda mucho por mirar.

lunes, 28 de enero de 2013

Hasta que sea mañana

Intento no mirar tu rostro. Curvo mi espalda contra el espejo que está postrado en la pared, alejándome de ti. Alguien más me habla y dirijo mis ojos en una diagonal, que te esquiva, justo al borde. Y sé que me miras, mientras te ignoro.

Estaremos atrapados en este ascensor, al menos durante los próximos dos minutos, pero el tiempo se ha hecho lento, mientras me enfoco en sostener la vista, sin voltear.

Dices algo para incluirte en la conversación, así que ya no puedo evitarte más, y giro la cabeza, inclinando un poco el cuello. Sonríes levemente. Sonrío un poco también, sin gracia.

Das media vuelta. Transpiro. Y mientras miro tu cuello blanco, limpio y con algunos lunares, me hago consciente de la tensión que carga mi espina. Enderezo el cuerpo y continúo la conversación inerte, sintiéndome a salvo.

Por fin, las puertas se abren, y huyo entre el túnel de gente hasta llegar a la luz. Pero ahí estás, detrás de mi.

Estando afuera, haces una mueca. Ese chasquido extraño que sale de tu boca, cada vez que estamos cerca. Mueves los brazos, suspendiéndolos en el aire de un lado a otro. Un suspiro entrecortado. Y me parece que has volteado los ojos. Pero contigo... nunca sé.

Me inmiscuyo en mis pensamientos, suponiendo que los tics que te genero son una muestra de incomodidad. Una incomodidad muy distinta a la mía, seguramente.

Vuelvo al presente. En cuestión de segundos, te adelantas en el pasillo y me abres la puerta. Te doy las gracias y camino sin mirar atrás.

Te has ido. Y ya puedo respirar.

Hasta que sea mañana.

jueves, 3 de enero de 2013

Fijaciones

Tengo una fijación por las palabras. Una necesidad más fuerte que yo por escuchar lo que es evidente. Un "me gustas" como reemplazo de los gestos sutiles. Un "adiós" en lugar de la ausencia.

Podría decirse que soy sorda de ojos y ciega de silencios. No logro comprender la acción hecha o deshecha. Desconfío de mi propia percepción, para dejar las puertas abiertas.

Necesito una razón de lo abrupto. Un por qué de la huida contundente. Aunque la explicación sea un error bien vestido, una leche cuajada, un soplido violento. Aunque a veces sea bonito creer en las mentiras no dichas.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Respuesta tardía

No sé si trata de mi dificultad para percibir aquello que es sutil a primera vista. Pero tenías razón en algo, hay cosas que nunca comprendí.Sobre todo aquellas que se escaparon de mis manos: Como tu lenguaje tan enredado, o haber cruzado todo el océano para encontrarme con un fantasma en la plaza, que camina sigilosamente entre el viento y las parejas que se besan, sin dejarse ver.

Y así, mirar el pasado se ha convertido en eso, recordar fantasmas. Personas y lugares que quedaron atrás y me dejan de pie, preguntándome si soy yo quien debiera moverse y no seguir viendo los días pasar.

La verdad es que nadie quiere admitir su soledad.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Percepción

Si pudiera desprenderme de la cobardía
¿qué sería del día sin la sombra?
Si confiara en la percepción
de mis propios ojos
¿Podría recuperar la fe?
De que este pensamiento
monotemático,
pase a ser un hecho consumado
y no la autoflagelación,
por lo que no hice,
ni por lo que estropeé.
(Cruzando las luces que me dicen,
que tú lo sientes también).



sábado, 6 de octubre de 2012

Pequeñas cofesiones


II
Una vez me enamoré de una sonrisa
que vi pasar mientras caminaba.
Mojé mis botas,
alumbrada, por un hombre
que me entregaba su paraguas.
Tomé tu mano a escondidas,
por debajo de la mesa,
sólo porque tú me la dabas.
Y fui feliz,
tan solo bebiendo una taza de café,
luego de que me preguntaras
cómo me llamaba.

(Confieso que me enamoro de los amores inconclusos
por sus pequeñas cosas.
Y que si, me gusta la novela).

jueves, 4 de octubre de 2012

Lanzando letras al aire

Si pudiera extraer
lo más profundo de tu ser.
Ver a través de la materia,
los pensamientos que me escondes.
Tener muchas más certezas
y menos difusiones.

Si supiera a dónde llevar mis letras
más allá de la confusión,
que nos aleja.

O decidiera aceptar la cobardía,
y resignarme ante mi propia impotencia,
de ser dueña solamente de mis actos,
y no de lo que de el resto quisiera.

Qué difícil es extraer la esencia de las cosas.
Y qué fácil malinterpretar los silencios.
Crear conflictos tendenciosos.
Complicarse con las suposiciones.

Y algo pasa conmigo,
que sólo escribo para sobrevivir.
Y a veces callo, con la misma idea.

Sin dejar de hacerme la pregunta:
¿Qué pasó con nosotros?

Con todos esos nosotros.
Que alguna vez fueron
y luego...ya no.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Le falta algo a los días como hoy

1
Le falta algo a los días como hoy. Días grises y anestesiados, que solapan el cansancio por la cobardía del resto. Llenos de la tranquilidad de sentirse un tanto apático.

Esa sensación de dopaje se disipa momentáneamente con las distracciones: Conversaciones y personas que apagan el ruido del silencio. Que acallan los propios pensamientos.  

2
Bien es cierto que uno termina por acostumbrarse a los adioses y tumbas. Y es durante esa estabilidad cuando comenzamos a recordar sin dolernos. Aceptando la vida como sí misma.

Porque una vez que se entiende la realidad sin juzgarla, comienzan a descansar las frustraciones por los anhelos inconclusos.

3
No se puede evitar sentir que el espacio queda vacío una vez que se han espantado todos los fantasmas. Dejando un cuarto pulcro, lleno de nadas que se convirtieron en el todo.

Le falta algo a los días como hoy. Días escasos de historia.

lunes, 7 de mayo de 2012

Radiografía de mis huesos

No deseo que leas esto. No quiero que sepas que puedo estar triste, vulnerable todo un día porque no dormí bien, se me extravió algo, se me rompieron los zapatos, o, sencillamente, salí de casa sin lavarme el cabello. No quiero que sepas de los días en que me desgarro porque me hace falta tener a alguien que me quiera. A quien yo quiera. Que me abrace.
No quiero que sepas que, así como me ayudaste a saber que podría empezar desde cero, tú también podrías destruirme. Que no está en mí ser la chica que reafirme cuánto amas a otra. Que no tengo la intención de generarte la duda del por qué este texto redunda tanto en sus "quiero".
Prefiero que no estés al tanto de días como hoy, en que me siento tan ridícula. Que recuerdes que nunca he podido llorar con lágrimas, que la gente cree que finjo con una mueca; y, sin embargo, una vez me sentí tan triste... que comenzó a llover.

martes, 13 de marzo de 2012

Apagar un cigarrillo sobre algo bello

Cada vez que recuerdo lo que hiciste, las mentiras, las deslealtades, las historias cambiadas a conveniencia, tu personalidad doble y la expresión cínica de asombro, cuando te pongo en evidencia; viene la necesidad de apagar un cigarrillo sobre algo bello.

Gracias, por regalarme tantos ceniceros. 

Marzo de 2011

miércoles, 30 de noviembre de 2011

No puedes herir a las piedras

Sólo queda la noche hueca, y la sensación de culpa cuando se deja de sentir súbitamente.Como una vez que se muere y se renace; y se perdona todo en el mismo instante en que se da la media vuelta. Una purgación y redención de la que se queda colgando sobre el vacío, cuando se vuelven poderosos los silencios. Sólo queda una sensación de culpa cuando se escucha el corazón por fuera de la piel, latiendo como una piedra.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Cada mirada

Wilde decía que quien no entiende una mirada no merece una explicación. Sin embargo, sentirse aludido en primera instancia frente a la palabra y el gesto, como por instinto, suele hacerse difuso más adelante, después de la racionalización exhaustiva de los detalles que superan a la corazonada.
Habría que evaluar entonces si definitivamente existe esa complicidad o compartimiento de la percepción. Si esas dos personas que entran en juego, habitan el mismo sitio y conforman el mismo momento en el que cabría entender a los ojos. En caso contrario, no quedaría más que el hundimiento, el comienzo de las ideas asumidas equívocamente, y quizás el revertimiento de las connotaciones y significados, que se refugian detrás de la insinuación.

Es un arte mirar

domingo, 4 de septiembre de 2011

Pequeñas cosas

Me gustan las pequeñas cosas, como sacar los brazos por la venta del auto y pretender que vuelo cada vez que damos una curva.  O invertir los horarios y hacer cosas a deshora, como lavar la ropa a media noche o leer a Capote por la mañana.  O sólo dar vueltas sin rumbo. O sólo ver las luces de la noche.
Me gustan las cosas pequeñas, como hacer listas de los objetos que me gustaría tener: una Polaroid, para crear imágenes en sepia y rosa viejo; o unos lentes de pasta negros muy grandes, que me escondan la expresión.
Entre otras cosas, me gusta detener al mundo con un café. Ver como mi perro me señala a los pájaros. Oler los fósforos recién prendidos. La lluvia. Buscar definiciones de amor entre las líneas de Cortázar, mientras encuentro la mía propia. Estar. Sólo estar. Me gustan las pequeñas cosas, como desconocer el lugar donde te refugias cuando te vas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Quedarnos callados es una provocación

Yo creo en el poder de la indiferencia para quitarle a otros el deber de acabarnos. Quizás se trate de esa sensación genuina de ocupación y desprendimiento, que nos ahuyenta de la ansiedad por suceder. De vivir para ganarse la muerte, como dicen algunos, aunque se nos acuse de tener un corazón solitario. De escribir y vivir entre las letras calmadas porque, como dije muchas veces, la desesperación no resulta atractiva. Yo creo en el poder de la atracción a la inversa. La vida pasa cuando no la buscamos, y es ese relámpago del que habla Cortázar, que nos ejecuta cuando caminamos en línea recta.

Quedarnos callados es una provocación.

sábado, 30 de julio de 2011

Como gatos bajo la noche

Después de darle vuelta en la cabeza
a tanto gato encerrado,
patear la calle bajo el sol,
limpiar lo que sirve y botar los escombros,
gastar las horas sin involucrarte,
revolcarse entre las letras vacías, las cuerdas llenas
y, algunas veces, el piano de Tom Waits,
intravenoso;
de tratar de hacer algo relevante con el cuerpo,
que pesa,
y sentarse sobre el techo por las noches,
para contener la ansiedad y
dejar de competir contra el propio recuerdo.
Después del vouyerismo exacerbado
y esa sincronía de la inconstancia,
de tanto trago dulce para diluir la amargura,
las batallas, que no son más que internas,
los horarios, la falta de ellos,
el exceso de aclaratorias,
la percepción equívoca y la conjetura;
es necesario apartarnos de las preguntas,
del pánico
y la obsesión por resolver los enigmas,
dejar atrás los sueños grises,
que fueron nuestra mayor tortura,
ver más allá de lo certero,
que suele ser lo más simple,
esperarnos al final de los tiempos
y buscar el regreso desde el menester de la calma.
Para dejar de ser gatos pardos
que camuflajean sus párpados bajo la noche

y que esperan abrir sus ojos para encontrarse
con el tacto de una mano de terciopelo.

martes, 19 de julio de 2011

Incredulidad y Canibalismo

I
De repente me quedo estática y fría, con los ojos más abiertos que nunca. Incrédula ante la realidad que se hace, momentáneamente, más impalpable que de costumbre. Como si la consciencia de estar viva me alienara, y la materia se volviera inerte. Una consciencia sobrehumana del entorno y la agudización de los sentidos, que lo vuelven casi etéreo.
Que me hace pensar de dónde salieron estas cicatrices, este ceño fruncido que parte la frente por la mitad, esta tristeza profunda y este gris sobre el cabello. Cómo fue que el mundo se hizo más solo que antes, y en qué momento tu brazo y los de muchos otros, dejaron de ser capaces de alcanzarme. ¿Cuándo te quedaste callado? ¿o acaso fui yo quien se volvió incapaz de oírte decir, que: no hay que dejarse caer, porque la felicidad no depende de otra cosa más que uno mismo?.
II
Nadie está exento. Algo que nunca me dijeron, pero que aprendí de todas formas, es que todos arrastramos nuestras propias dolencias. Que este estilo de vida nos está matando. Y ya no es suficiente comer bien y hacer ejercicio para sobrevivir, porque el corazón también cobra la infelicidad. Que este cuarto no es más que un piso vacío y la ciudad es una selva en guerra habitada por caníbales.

lunes, 20 de junio de 2011

Llenar los espacios vacíos

Calla despacio. No vuelvas a hacer confesiones erradas. Lanzaste una moneda tres veces, y la suerte también te dijo que mantuvieras los labios de bóveda, mujer. Sabes que mostrar tus miserias no es lo mismo a crear una obra de arte. Que tu mente vuela y te gusta llenar los espacios vacíos y caer al precipicio. Que eres de las que se arrepienten continuamente de las palabras como flechas. De los sentimientos transitorios, que abandonan el cuerpo con el aire de la boca abierta. No hurgues entre las piedras. Escucha tus propios consejos y evangeliza la indiferencia. Sabes que al final de cuentas el sufrimiento sólo es una elección. Que las palabras se pierden entre la brisa, pero se impregnan en la memoria. Que el conejo huye cuando Alicia crece.