lunes, 8 de julio de 2013
lunes, 20 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
Si pintara un gato sobre un poste
- Estoy jodida, te compraste un gato.
- No lo compré, lo adopté en un refugio. Y ¿qué te hace pensar que cualquier grosería que sale de tu boca es poesía?.
- Pues no lo sé. Lo honesto quizás. Los autores más brillantes no se eximían de eso.
Bah... No pienso que todo lo que salga de mi boca sea poesía. Trato de crear algo grandioso y sólo salen palabras baratas. Incluso pensé en cambiarme el género. Disfrazarme de hombre por un rato. Pero era muy obvia mi inexperiencia masculina, nunca he tenido barba y además... estoy cansada de ser un personaje secundario en mis propias historias. Maldita sea, no dejo de pensar en tu gato.
- ¿Podrías dejar de maldecir? Y ¿qué tiene de malo mi gato?
- Pues no es el gato, eres tú y el gato. Tú y ella y el gato. Tú y ella y el gato, y yo viendo a las salamandras dando vueltas en el cuarto como un par de ciegos. A veces se encuentran y hacen el amor en la pared. Yo apago la luz y escucho... Qué importa este cuento de animalejos.
- Cuéntame más.
- Pues no sé que más decirte de las salamandras, pero del gato...
- Y continuamos con el tema...
- El asunto es que si yo pintara un gato, montado sobre un poste de luz muy brillante -Y con esto no quiero decir que sea buena pintando- pero si lo hiciera, y te lo mostrara, y tú me dijeras que qué bonita me quedó esa iguana montada sobre una palmera. Yo me preguntaría... (En vez de pensar que estás loco, viendo cosas donde no son) ¿Qué hice yo para plasmar una iguana y un coco y quizás una playa? ¿Qué hice yo para que no veas mi cuadro cómo es?
- Y, ¿qué importa lo que yo piense del cuadro?.
- Pues importa. Porque lo ves mal. Y me ves mal. La cuestión es que al final de cuentas, la que ve mal todo, soy yo.
- Insisto. No importa lo que yo interprete de tu cuadro, el cuadro es el cuadro. Y el cuadro no existe. Tampoco importa que me haya comprado un gato, le haya puesto un nombre y ahora viva con él. Ni siquiera te gustan. Por qué darle tanta vuelta a las cosas a raiz de asunciones tuyas.
- No importa el gato. Ni que te hayas ido. Sólo que ahora, miro este cuarto, la luz de la vela. Y yo pagando mi frustración con las letras. Y me doy cuenta que...me doy cuenta que… ¿Dónde estás?
Creo que enloquecí con tanta soledad.
- No lo compré, lo adopté en un refugio. Y ¿qué te hace pensar que cualquier grosería que sale de tu boca es poesía?.
- Pues no lo sé. Lo honesto quizás. Los autores más brillantes no se eximían de eso.
Bah... No pienso que todo lo que salga de mi boca sea poesía. Trato de crear algo grandioso y sólo salen palabras baratas. Incluso pensé en cambiarme el género. Disfrazarme de hombre por un rato. Pero era muy obvia mi inexperiencia masculina, nunca he tenido barba y además... estoy cansada de ser un personaje secundario en mis propias historias. Maldita sea, no dejo de pensar en tu gato.
- ¿Podrías dejar de maldecir? Y ¿qué tiene de malo mi gato?
- Pues no es el gato, eres tú y el gato. Tú y ella y el gato. Tú y ella y el gato, y yo viendo a las salamandras dando vueltas en el cuarto como un par de ciegos. A veces se encuentran y hacen el amor en la pared. Yo apago la luz y escucho... Qué importa este cuento de animalejos.
- Cuéntame más.
- Pues no sé que más decirte de las salamandras, pero del gato...
- Y continuamos con el tema...
- El asunto es que si yo pintara un gato, montado sobre un poste de luz muy brillante -Y con esto no quiero decir que sea buena pintando- pero si lo hiciera, y te lo mostrara, y tú me dijeras que qué bonita me quedó esa iguana montada sobre una palmera. Yo me preguntaría... (En vez de pensar que estás loco, viendo cosas donde no son) ¿Qué hice yo para plasmar una iguana y un coco y quizás una playa? ¿Qué hice yo para que no veas mi cuadro cómo es?
- Y, ¿qué importa lo que yo piense del cuadro?.
- Pues importa. Porque lo ves mal. Y me ves mal. La cuestión es que al final de cuentas, la que ve mal todo, soy yo.
- Insisto. No importa lo que yo interprete de tu cuadro, el cuadro es el cuadro. Y el cuadro no existe. Tampoco importa que me haya comprado un gato, le haya puesto un nombre y ahora viva con él. Ni siquiera te gustan. Por qué darle tanta vuelta a las cosas a raiz de asunciones tuyas.
- No importa el gato. Ni que te hayas ido. Sólo que ahora, miro este cuarto, la luz de la vela. Y yo pagando mi frustración con las letras. Y me doy cuenta que...me doy cuenta que… ¿Dónde estás?
Creo que enloquecí con tanta soledad.
Apuntes de una novela atemporal
domingo, 28 de abril de 2013
Algunos juicios
"Es muy fácil advertir que cada vez escribo menos bien y esa es precisamente mi manera de buscar un estilo. Algunos críticos han hablado de represión lamentable, porque naturalmente el proceso tradicional es ir del escribir mal al escribir bien. Pero a mí me parece que entre nosotros el estilo es también un problema ético, una cuestión de decencia. Es tan fácil escribir bien. ¿No deberíamos (...) retroceder primero, bajar primero, tocar lo más amargo, lo más repugnante, lo más horrible, lo más obsceno, todo lo que una historia de espaldas al país nos escamoteó tanto tiempo a cambio de la ilusión de nuestra grandeza y nuestra cultura, y así, después de haber tocado fondo, ganarnos el derecho a remontar hacia nosotros mismos, a ser de verdad lo que queremos ser?"
Algunos juicios de Julio Cortázar acerca de su propia estética
(en Rev. de la Universidad de México 1963)
domingo, 21 de abril de 2013
Sobre nada
La sensación de hastío
se adueña de mi cuerpo.
Hace un calor espantoso.
Desperté de la siesta
por las moscas que trinchaban mis brazos,
y la ropa que se adhiere
sin formar parte de mi.
Debería leer algo de Wilde, como sugeriste,
pero las letras me arden en los ojos.
Mi mente está entumecida.
Nada entra, nada se absorbe.
Ni siquiera el agua en mi garganta seca.
Pienso en nuestra conversación sobre la crisis de los treinta.
En los filtros que he perdido al hablar.
El por qué de las cosas.
La pregunta: para qué estamos aquí
y la persistencia de la memoria.
No tengo ganas de limpiar el polvo,
de recoger el caos
ni de recogerme de él.
No estoy segura de mis prosas.
Hoy escribo sobre nada.
Mañana habré de despertar.
se adueña de mi cuerpo.
Hace un calor espantoso.
Desperté de la siesta
por las moscas que trinchaban mis brazos,
y la ropa que se adhiere
sin formar parte de mi.
Debería leer algo de Wilde, como sugeriste,
pero las letras me arden en los ojos.
Mi mente está entumecida.
Nada entra, nada se absorbe.
Ni siquiera el agua en mi garganta seca.
Pienso en nuestra conversación sobre la crisis de los treinta.
En los filtros que he perdido al hablar.
El por qué de las cosas.
La pregunta: para qué estamos aquí
y la persistencia de la memoria.
No tengo ganas de limpiar el polvo,
de recoger el caos
ni de recogerme de él.
No estoy segura de mis prosas.
Hoy escribo sobre nada.
Mañana habré de despertar.
martes, 19 de marzo de 2013
lunes, 4 de marzo de 2013
Siempre me sentí ajena a los textos, donde enunciabas las cartas que guardaste sin siquiera abrir el sobre. Me sentía ajena a la posibilidad de dejarnos, repentinamente, sin mirar atrás. Creía con inocencia que nos mantendríamos dentro de nuestros días.
Y no sé si es que de un momento a otro dejamos de ser, eso que nunca estuve segura si alguna vez fuimos, pero que sin lugar a dudas, era algo.
Aún quedan cosas
Últimamente hablo menos y miro más. Veo las ventanas, sus reflejos y la gente que camina. En el mundo aún queda mucho por mirar.
viernes, 1 de febrero de 2013
lunes, 28 de enero de 2013
Hasta que sea mañana
Intento no mirar tu rostro. Curvo mi espalda contra el espejo que está postrado en la pared, alejándome de ti. Alguien más me habla y dirijo mis ojos en una diagonal, que te esquiva, justo al borde. Y sé que me miras, mientras te ignoro.
Estaremos atrapados en este ascensor, al menos durante los próximos dos minutos, pero el tiempo se ha hecho lento, mientras me enfoco en sostener la vista, sin voltear.
Dices algo para incluirte en la conversación, así que ya no puedo evitarte más, y giro la cabeza, inclinando un poco el cuello. Sonríes levemente. Sonrío un poco también, sin gracia.
Das media vuelta. Transpiro. Y mientras miro tu cuello blanco, limpio y con algunos lunares, me hago consciente de la tensión que carga mi espina. Enderezo el cuerpo y continúo la conversación inerte, sintiéndome a salvo.
Por fin, las puertas se abren, y huyo entre el túnel de gente hasta llegar a la luz. Pero ahí estás, detrás de mi.
Estando afuera, haces una mueca. Ese chasquido extraño que sale de tu boca, cada vez que estamos cerca. Mueves los brazos, suspendiéndolos en el aire de un lado a otro. Un suspiro entrecortado. Y me parece que has volteado los ojos. Pero contigo... nunca sé.
Me inmiscuyo en mis pensamientos, suponiendo que los tics que te genero son una muestra de incomodidad. Una incomodidad muy distinta a la mía, seguramente.
Vuelvo al presente. En cuestión de segundos, te adelantas en el pasillo y me abres la puerta. Te doy las gracias y camino sin mirar atrás.
Te has ido. Y ya puedo respirar.
Hasta que sea mañana.
Estaremos atrapados en este ascensor, al menos durante los próximos dos minutos, pero el tiempo se ha hecho lento, mientras me enfoco en sostener la vista, sin voltear.
Dices algo para incluirte en la conversación, así que ya no puedo evitarte más, y giro la cabeza, inclinando un poco el cuello. Sonríes levemente. Sonrío un poco también, sin gracia.
Das media vuelta. Transpiro. Y mientras miro tu cuello blanco, limpio y con algunos lunares, me hago consciente de la tensión que carga mi espina. Enderezo el cuerpo y continúo la conversación inerte, sintiéndome a salvo.
Por fin, las puertas se abren, y huyo entre el túnel de gente hasta llegar a la luz. Pero ahí estás, detrás de mi.
Estando afuera, haces una mueca. Ese chasquido extraño que sale de tu boca, cada vez que estamos cerca. Mueves los brazos, suspendiéndolos en el aire de un lado a otro. Un suspiro entrecortado. Y me parece que has volteado los ojos. Pero contigo... nunca sé.
Me inmiscuyo en mis pensamientos, suponiendo que los tics que te genero son una muestra de incomodidad. Una incomodidad muy distinta a la mía, seguramente.
Vuelvo al presente. En cuestión de segundos, te adelantas en el pasillo y me abres la puerta. Te doy las gracias y camino sin mirar atrás.
Te has ido. Y ya puedo respirar.
Hasta que sea mañana.
jueves, 3 de enero de 2013
Fijaciones
Tengo una fijación por las palabras. Una necesidad más fuerte que yo por escuchar lo que es evidente. Un "me gustas" como reemplazo de los gestos sutiles. Un "adiós" en lugar de la ausencia.
Podría decirse que soy sorda de ojos y ciega de silencios. No logro comprender la acción hecha o deshecha. Desconfío de mi propia percepción, para dejar las puertas abiertas.
Necesito una razón de lo abrupto. Un por qué de la huida contundente. Aunque la explicación sea un error bien vestido, una leche cuajada, un soplido violento. Aunque a veces sea bonito creer en las mentiras no dichas.
Podría decirse que soy sorda de ojos y ciega de silencios. No logro comprender la acción hecha o deshecha. Desconfío de mi propia percepción, para dejar las puertas abiertas.
Necesito una razón de lo abrupto. Un por qué de la huida contundente. Aunque la explicación sea un error bien vestido, una leche cuajada, un soplido violento. Aunque a veces sea bonito creer en las mentiras no dichas.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Adiós 2012
Este 2012 que se va, fue un año de desprenderse de cosas. De soltar y dejar ir. Un año de adioses y tumbas, como dirías, aunque ya ni siquiera estés aquí, más que en mi propia memoria.
Como una escena de película, donde sólo corre la música y se ven los días pasar, no estaba lista para dejarte ir y mucho menos para que me soltaras de esa forma tan inesperada, sorpresiva y, al parecer, contundente. Pero quizás de eso se trataba "dejar que la vida sucediera" como repetiste tantas veces.
De aceptar realidades y parpadear el presente.
Comenzó triste. Como todos los años, tuvo un marzo con sus idos, muy duro. Y, por el contrario, un abril muy hermoso y floreado, que se abrió a nuevos caminos y oportunidades; muchos de los cuales fueron efímeros, pero necesarios para cerrar ciclos, estabilizarse y avanzar. Para comenzar de nuevo, pulcro, desde cero.
He tenido años peores, por lo que no podría quejarme de este. Así como también he tenido mejores, sin lugar a dudas. Como todos mis años pares fue plano, lleno de reflexión y autodescubrimiento.Pero en definitiva, de transición para vaciar las manos y dejarlas limpias y abiertas, esperando que se llenen de cosas nuevas, gratas y mejores durante el 2013 y los años que le siguen.
Como una escena de película, donde sólo corre la música y se ven los días pasar, no estaba lista para dejarte ir y mucho menos para que me soltaras de esa forma tan inesperada, sorpresiva y, al parecer, contundente. Pero quizás de eso se trataba "dejar que la vida sucediera" como repetiste tantas veces.
De aceptar realidades y parpadear el presente.
Comenzó triste. Como todos los años, tuvo un marzo con sus idos, muy duro. Y, por el contrario, un abril muy hermoso y floreado, que se abrió a nuevos caminos y oportunidades; muchos de los cuales fueron efímeros, pero necesarios para cerrar ciclos, estabilizarse y avanzar. Para comenzar de nuevo, pulcro, desde cero.
He tenido años peores, por lo que no podría quejarme de este. Así como también he tenido mejores, sin lugar a dudas. Como todos mis años pares fue plano, lleno de reflexión y autodescubrimiento.Pero en definitiva, de transición para vaciar las manos y dejarlas limpias y abiertas, esperando que se llenen de cosas nuevas, gratas y mejores durante el 2013 y los años que le siguen.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
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